Fuente: Bio Bio
El fenómeno de La Niña, caracterizado por un enfriamiento de las aguas del Océano Pacífico central, ha generado diversas especulaciones sobre su impacto en el clima de Chile. Si bien uno podría pensar que se pasa automáticamente de El Niño a La Niña, lo cierto es que en estos momentos estamos atravesando una fase de neutralidad.
¿Cuándo llegará La Niña a Chile?
Según pronósticos de la Dirección Meteorológica de Chile y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), se espera que La Niña llegue al país en los próximos meses, posiblemente en septiembre. No obstante, algunos efectos podrían comenzar a sentirse a partir de agosto. Indica la nota de Bio Bio.
Miguel Fernández, meteorólogo de la Fundación Huinay PUCV-Enel, explicó que La Niña aún no se ha establecido oficialmente, pues estamos en una etapa de neutralidad climática, como se mencionó anteriormente.
Para que La Niña sea declarada, “las temperaturas en el Océano Pacífico central deben permanecer por debajo de 0.5 °C de lo normal durante al menos tres meses seguidos”.
Mientras esperamos la llegada de este fenómeno, ¿volverá a llover?
Según el experto, la zona central de Chile no experimentará lluvias tan intensas como las observadas en el inicio del invierno. Aunque no se descartan completamente, los eventos de precipitaciones que podrían ocurrir entre la segunda mitad de julio y la primera mitad de agosto serán de menor escala.
La principal razón de esta disminución de lluvias no está directamente relacionada con La Niña, sino con la presencia de un anticiclón del Pacífico que está bloqueando el paso de sistemas frontales.
A pesar de este puntual incremento en las temperaturas, las bajas temperaturas características de la llegada de La Niña se harán notar durante las próximas semanas. Fernández subraya que “la atmósfera tiende a reaccionar más rápido a este fenómeno que a El Niño, por lo que se espera que comience a adaptarse a condiciones más frías a partir de agosto”.
Lo anterior podría significar que tanto la primavera como el verano de este año registren temperaturas más bajas que el promedio habitual.
“Además, el cambio climático también está influenciando la disminución de la probabilidad qué se produzcan precipitaciones importantes durante el resto del invierno, no descartándose por completo que durante la segunda mitad de julio y la primera mitad de agosto se pueda producir algún evento de precipitaciones, pero de menor escala a los ya sucedidos”, concluyó Miguel Fernández.
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